Dinámica práctica para trabajar el duelo y otras pérdidas

“No, no ha pasado, no se va, no puede irse, ahora volverá, a mí no me puede pasar algo así, ¿cómo una persona como yo podría pasar por algo así? No me importa que los demás me digan que se acabó y da igual que todo a mi alrededor me indique que mi vida ha cambiado, ¿Qué sabrán ellos?, yo no veo tanto alboroto, si en realidad está todo igual, son unos exagerados. Todo va a seguir como antes (Negación).

Pero… ya tarda ¿no?, ¿qué está pasando?, ¿Por qué tiene que pasar esto?, no me merezco esta situación, si yo no la he buscado, no he hecho nada, ellos tienen la culpa de tanto repetírmelo al final mira lo que pasa. Dejadme en paz, que vosotros no tenéis ni idea de nada. Todo y todos sois responsables de esto que está pasando. Y bueno si se veía venir ¿Por qué no me lo decís antes? No se puede confiar en nadie, odio esta situación, odio todo y a todos. (Ira)

Bueno, quizás hay alguna explicación para todo esto, quizás si hubiera hecho aquello ahora no estaría así, si lo hubiera pensado antes ahora sería diferente.  si… entonces… (Negociación)

¿Por qué me ha pasado esto a mí?, no puedo más, estoy destrozado y cansado, nada volverá a ser como antes, nada podrá arreglarlo, no hay forma de volver atrás, no me apetece salir, ni ir a trabajar. Qué más da, si todo va a seguir igual, si nada va a cambiar para qué levantarme un día más, mi vida así ya no tiene sentido, antes era todo perfecto, ahora no voy a poder seguir adelante, ni duermo ni como, no quiero ver a nadie. Pesa demasiado el pasado. (Depresión).

Un día más me levanto con la carga de lo que ha pasado, estancado e inmóvil, sin fuerzas para avanzar, la rumiación constante de lo ocurrido pesa demasiado, necesito soltarla aunque sea por un ratito. Cojo un globo y lo inflo, soltando por la boca todo el aire que lleva con él los pensamientos y sensaciones que tanto arañan de este tiempo atrás, que están todo el día chillando en mi oído y giran una y otra vez en mi cabeza, y los dejo fuera de mí por un tiempo y ato el globo a mi cama por si esa noche los extraño y me apetece repasarlos. Me levanto y abro los ojos como no lo hacía desde hace mucho tiempo y veo que todo ha cambiado pero esta vez no me perturba, al revés, miro todo lo nuevo fascinado, cuanta gente a mi lado, cuantos proyectos por empezar, cuánto tiempo por delante, cuanta vida por vivir, y miro atrás y veo el camino recorrido, varias piedras y algún que otro pozo pero ahora me he demostrado que sé afrontarlos, y hoy estoy más grande, he crecido, me veo más alto, tengo una nueva perspectiva y ese día sonrío como nunca, vuelvo a caminar, a vivir. Llega la noche y cuando voy a acostarme veo el globo en mi cama, no lo había recordado en todo el día, me doy cuenta de que ya no lo necesito, no me hace falta, no me importa que se vaya, es más, quiero dejarlo ir. Lo cojo, me asomo a la ventana y abro mi mano, dejando que el globo se deshaga de mí más que yo de él y lo dejo ir, lo suelto, ya no me aferro y tampoco me escuece. Mientras observo como se va perdiendo en el cielo sé que ya no lo volveré a ver pero tampoco lo olvidaré, gracias a él y al torbellino de emociones y etapas por las que me ha hecho pasar me conozco mejor, he crecido, he aprendido, me he hecho más fuerte y sé que la vida continúa. (Aceptación).”

Todos nos podemos sentir identificados con este relato en el que se repasan las 5 etapas del duelo, un duelo no se pasa sólo ante la muerte de un ser querido sino que diariamente estamos expuestos a la pérdida (divorcios, rupturas, cambios de trabajo, cambio de ciudad, cambio de casa, pasar de curso, distanciamiento entre amigos,…), vivimos microduelos en nuestro día a día por eso es tan importante no aferrarse y saber soltar.

Cómo se manifiestan las diferentes etapas

Estas cinco etapas (negación, ira, negociación, depresión y aceptación) no siempre se producen de manera secuencial sino que van dando saltos de una a otra y en ciertas ocasiones coexiste más de una a la vez. El duelo es un proceso no lineal, hay etapas por las que se vuelve a pasar una y otra vez. El proceso de duelo depende de muchos factores, principalmente de las características de la persona que lo atraviesa, de su inteligencia emocional, del momento vital en el que le toque afrontarlo, del apoyo social con el que cuente, de las actividades que realice en su día a día y también influirán las características del cambio, del impacto, la duración y la intensidad del evento. Por ello, cada duelo es tan único como la persona que lo afronta y cada uno debe tomarse su tiempo para superarlo.

Puedes agarrar el pasado tan fuertemente a tu pecho, que deja tus brazos demasiado llenos para abrazar el presente”Jan Glidewell

Cómo gestionarlo

Si estás en un momento de tu vida complicado porque estás atravesando un cambio (cualquiera que sea, un cambio siempre conlleva rechazar y dejar atrás ciertas cosas), tranquilo, respira hondo y ¡date un respiro!. No pretendas superarlo todo en un día. Es normal estar decaído y tienes que quererte también en tus momentos bajos. A veces se tiene la sensación de que no se avanza, de que estás estancado en tu vida, paciencia. Aun no estás preparado para el siguiente paso y queda camino por recorrer. Piensa que todo pasa.

Es una asignatura pendiente de muchos de nosotros el saber sufrir, el dejarnos caer, el vernos débiles y aceptar nuestra vulnerabilidad. Debemos aprender a soltar, a dejar salir los sentimientos y emociones por muy intensas o dolorosas que sean. Debemos aceptar que nada es infinito ni eterno, que todo acaba y pasa. Todo cambia. Así es y menos mal que es así.

Aquí hablamos de un proceso de duelo normativo y comprensible tras una pérdida, donde lo positivo es afrontarlo y atravesarlo  aceptando los malos momentos. Hay veces que este duelo se cronifica y la persona se queda atrapada, en estos casos lo mejor es contar con un profesional que pueda ayudar a la persona a superarlo.

Técnica de la semana: aprende a soltar

Para la dinámica que te proponemos esta semana necesitarás globos, folios y rotuladores e hilo.

Busca tu momento y tu lugar para hacerlo, búscate un espacio para ti, donde poder pensar y trabajar con calma, sin prisas.

Coge un folio de media cuartilla y escribe todo lo que te viene a la cabeza sobre esa situación, persona o cosa que quieres cerrar, esa situación de la que te tienes que despedir aunque no quieras. Escribe hablando en primera persona y en presente, sin filtros, no te limites, escribe permitiéndote fluir y echar en ese papel todos esos pensamientos que se repiten en tu cabeza, deja que salga la tristeza, la ira o la incredulidad. Permítete por unos segundos sentir. Cuando hayas terminado rompe el papel con todas tus ganas y mete todos los pedacitos en el globo. Ahora comienza a hincharlo con todas tus fuerzas imaginando cómo en cada soplido echas fuera de ti todos esas sensaciones desagradables, mételas dentro del globo y anúdalo rápidamente. Ahora ponle un nombre, un título a ese globo y escríbelo con los rotuladores, es importante que nombres. Así logras nominar la situación por la que estás atravesando identificas ese momento, esa sensación. Ahora átalo y búscale un lugar en tu casa, un lugar en el que lo veas a menudo. ¿Por qué? Porque para soltar primero hay que aceptar que ese malestar está ahí, primero deberás aprender a convivir con ello, y pasar por ello varias veces. El día de soltarlo lo decidirás tú. Cuando te sientas preparado coge el globo, llega el momento de soltar, de dejarlo ir. Abrázalo, apriétalo con todas tus fuerzas, aférralo entre tus brazos hasta que consigas explotarlo. Ya no está, ahora tienes un peso menos, más espacio y las manos vacías, libres para dedicar tus energías en otra cosa.

“Retener es creer que solo existe el pasado, dejar ir es saber que hay un futuro.”  – Daphne Rose Kingma

Si te ha gustado la dinámica y te has atrevido a realizarla o se te han ocurrido nuevas versiones y aplicaciones, te animamos a que la compartas con nosotros en redes, estaremos encantados de compartir y darte un feedback.

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